Decir que un personaje está nervioso no emociona; verle romper tres cerillas antes de encender el cigarro, sí. El consejo más famoso de la escritura, explicado con ejemplos.
«Muestra, no cuentes» es probablemente el consejo de escritura que más se repite, y también uno de los que más cuesta entender. Significa algo sencillo: en lugar de darle al lector una conclusión, dale los datos para que la saque él.
Contar frente a mostrar
Contado: «Don Ernesto era un hombre muy tacaño».
Mostrado: «Don Ernesto le dejó al camarero, de propina, los dos céntimos que le habían sobrado. Luego se lo pensó mejor y recuperó uno».
En el segundo caso nadie dice la palabra «tacaño», pero el lector lo sabe, y además se ríe. Lo ha descubierto él, y eso hace que se implique en la historia.
Las emociones, a través del cuerpo y los actos
Las palabras «triste», «furioso» o «enamorado» son etiquetas. Cuando las veas en tu texto, pregúntate qué haría o notaría ese personaje: ¿no tiene hambre?, ¿aprieta el volante?, ¿se ha puesto la camisa buena un martes? Los detalles concretos son los que se recuerdan.
Pero no siempre hay que mostrar
Mostrar ocupa más espacio. Si lo muestras todo, el relato se hace eterno. Contar es útil para resumir lo que no importa tanto: «Pasaron tres inviernos sin noticias suyas» es una frase perfecta. La clave es mostrar los momentos importantes y contar los de transición.
Para practicar: busca en tu relato tres adjetivos que describan el carácter o el estado de ánimo de un personaje y sustitúyelos por una acción o un detalle que lo demuestre.
Consejo publicado en El Escaparate de las Letras el 27 de octubre de 2026.