El buenismo es muy de derechas

La experiencia que brindan horas de tertulias desenfadadas en terrazas, conversaciones de sábado entre amigos y años de interacciones en redes sociales, me han servido para darme cuenta del error que cometemos cuando aceptamos ese tópico tan asentado en el ideario común que dice “el buenismo es de izquierdas”.

Es habitual que, cuando defiendes la inmigración, cuando te posicionas con las personas y no con los poderes, o cuando reivindicas que todo el mundo pueda tener unas condiciones dignas de vida, lleguen a ti comentarios del estilo “mételos en tu casa”, “ya está la izquierda buenista dando lecciones”, “tu tolerancia nos va a llevar a la ruina”, “siempre vais de superiores moralmente” o “p… buenismo de los cojo…”, como si restásemos gravedad, con nuestra extrema benevolencia, a todo eso que muchos consideran problemas de nuestro tiempo.

Ahí está el error de enfoque, y es que ser solidario, tolerante, empático, o comprometido con la justicia social, no es ser buenista, es hacer gala de valores y de respeto por los derechos de los demás. No es más que una muestra de confianza, responsabilidad, educación y amor por la naturaleza humana, y eso nunca debe ir acompañado de una connotación negativa.

Eso no es buenismo. El buenismo es otra cosa.

Buenista es aquel que se muestra tolerante o indulgente ante abusos de poder, y en eso la derecha gana por goleada.

Buenismo es no pedir cuentas cuando el entorno de una dirigente hace negocios con contratos públicos.

Buenismo es no apartar de la política a alguien que ha firmado unos protocolos que han hecho agonizar cruelmente a miles de ancianos en la cama de una residencia.

Buenismo es no parar los pies a los que privatizan servicios que deberían ser públicos para llenar los bolsillos de unos pocos.

Buenismo es permitir que el amigo de un narcotraficante que regó las calles gallegas de sustancias que reventaron la vida de muchos jóvenes, pueda ser candidato a la presidencia del Gobierno.

Buenismo es no investigar quién fue M. Rajoy.

Buenismo es aplaudir cuando un dirigente de extrema derecha lanza discursos de odio o criminaliza a colectivos enteros por la acción de unos pocos.

Buenismo es aceptar que los jueces violen la separación de poderes y aprovechen su posición para beneficiar ciertas posturas políticas o condicionar elecciones.

Buenismo es expulsar de un partido al que denuncia la corrupción y no al corrupto.

Buenismo es posicionarse con los genocidas y no con los pueblos masacrados.

Buenismo es responsabilizar a otros de lo que debería haber hecho un señor que alargaba una comida mientras decenas de personas se ahogaban en las aguas de una DANA.

Buenismo es dar tu voto a machistas, homófobos y racistas.

Buenismo es aceptar que los privilegios y la explotación de muchos por parte de pocos, es parte del sistema.

Por todo ello, el buenismo es muy de derechas.

© Gata Negra, 2026. Texto publicado en El Escaparate de las Letras el 26 de octubre de 2026. Prohibida su reproducción, total o parcial, sin autorización.

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